El coreano cuenta con una enorme riqueza de onomatopeyas, que excede por lejos a la mayoría de los idiomas. A diferencia del castellano, donde solo se usan en contextos muy específicos como historietas o canciones infantiles, en Corea se utilizan en todos los registros, desde la alta literatura hasta las charlas más cotidianas. Son fundamentales para expresar matices y sensaciones difíciles de captar con otras palabras, ya que no representan un sonido (como pum o tic toc) sino que capturan una sensación, un estado interior o un movimiento: el rayo de sol que te entibia la cara, el movimiento suave y rítmico de una tela al viento. Este libro ilustrado, un verdadero diario sensorial, nos invita a descubrir, a través del idioma coreano, cómo se mueve, cómo respira y cómo se transforma el mundo.
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